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Subjetividad Política y la Pedagogía de la Voz: Una reflexión sobre la identidad disca, el capacitismo y la importancia de las palabras en la construcción del poder.


Hola, soy Noelia Corso. Bienvenido a POP Ideas, un lugar de análisis cultural, deconstrucción de narrativas para la mente curiosa. No es un podcast de política, ni de música, ni de nada en particular. Este es mi laboratorio para conectar los puntos y deconstruir las narrativas que damos por sentadas.

Si tú también crees que las palabras importan y que las divisiones académicas a veces nos impiden ver el cuadro completo, bienvenido a la conversación.

Hoy voy a tocar cuatro temas en torno a la discapacidad que probablemente te van a hacer cuestionar cosas que dabas por sentadas.


PRIMER TEMA: “¿Una cuestión terminológica?”

“Identidad disca”, “orgullo disca”… ¿alguna vez te preguntaste por qué estas palabras te generan algo raro? A mí sí. Y hoy quiero contarte por qué prefiero hablar de algo completamente distinto: la subjetividad política del capacitismo.

Mirá, cuando hablamos de “identidad”, estamos hablando de algo más fijo, más material. Es aquello que te distingue de otra cosa. Pero cuando hablo de “subjetividad política”, me refiero a algo que se construye a través del discurso, que es más flexible, que te permite imaginar nuevas posibilidades.

Es la diferencia entre “soy así” y “puedo llegar a ser esto otro”. Entre el ser fáctico y el ser en potencia.

Y con el “orgullo disca” me pasa algo similar. Sí, entiendo que se usa como autoafirmación, como empoderamiento. Pero la palabra “orgullo” tiene doble filo. Puede derivar fácilmente en un “los otros son pelotudos porque no entienden mi experiencia”. Y de ahí al resentimiento hay un paso.

Por eso prefiero hablar de subjetividad política del capacitismo. Es más abarcativo, evita esa ambivalencia tóxica, y permite una construcción más fluida.

¿Qué te parece? ¿Creés que importa cómo le decimos a las cosas? Escribime, porque me interesa saber si esta distinción te resuena… o te parece una pavada académica.


SEGUNDO TEMA: “Traducciones que cambian narrativas”

Acá va un ejemplo concreto de por qué las palabras importan tanto. ¿Sabías que constantemente traducimos mal la palabra “ally” como “alianza”? Y no… no es lo mismo. Para nada.

Cuando alguien dice “soy un disability ally”, está diciendo “soy una persona que apoya y está del lado de las personas con discapacidad”. Es una posición individual, reflexiva. Implica reconocer que no pertenezco a ese grupo pero elijo apoyarlo conscientemente.

Pero cuando traducimos eso como “soy una alianza”… primero, suena rarísimo, porque una persona no puede “ser” una alianza. Y segundo, cambiamos completamente la narrativa.

Una alianza es un acuerdo formal, algo institucional, estratégico. Un ally es alguien que hace un trabajo personal y continuo de apoyo.

Esta traducción descuidada transforma un concepto sobre agencia individual en algo abstracto e institucional. Sin darnos cuenta, estamos alterando cómo entendemos las relaciones de apoyo.

Y mirá, estos desafíos que surgen entre personas con y sin discapacidad son, en el fondo, los mismos que tenés en cualquier otra relación: una amistad, un matrimonio. Mantener la unión, comprender al otro, evitar la dominación, sostener un proyecto conjunto aunque el entusiasmo varíe…

¿Te suena familiar? ¿En qué otros contextos ves que las traducciones automáticas cambian completamente el sentido de las cosas?


TERCER TEMA: “El mito de la horizontalidad perfecta”

Acá viene una que te va a incomodar: las jerarquías no son malas. Sí, escuchaste bien. Y esto aplica especialmente a las organizaciones de personas con discapacidad que se obsesionan con ser “súper horizontales”.

Olson ya lo explicó en los 70: en cualquier organización, mientras más grande sea, van a aparecer jerarquías. Es inevitable. Y está bien.

Lo que está mal es cuando esas jerarquías se vuelven subalternización.

Déjame darte un ejemplo:

JERARQUÍA FUNCIONAL: “María lidera este proyecto porque conoce el sistema legal mejor que nadie”

SUBALTERNIZACIÓN: “María no puede liderar porque usa silla de ruedas”

¿Ves la diferencia? Una se basa en capacidades y contribución real, la otra en prejuicios.

En lugar de fingir que no hay jerarquías, hagámoslas transparentes y justas. Esto significa:

Transparentar roles claros, rotar liderazgos, deconstruirse constantemente, rendir cuentas, e invertir en formación de capacidades para todos.

Como dice Estela Laponi, “La inclusión propone jerarquía de capacidades”. Yo propongo transformar eso en una jerarquía de contribuciones.

Si estás en alguna organización donde sentís que las jerarquías se están volviendo tóxicas, escribime. Me interesa muchísimo saber cómo se vive esto en la práctica.


CUARTO TEMA: “Más allá del ‘darle voz'”

“Hay que darle voz a las personas con discapacidad.” ¿Cuántas veces escuchaste esta frase? A mí me rechina. Porque nadie “da” voz a nadie. La voz ya la tenemos todos. El tema es saber usarla.

Como docente, veo esto todo el tiempo. No se trata de “conceder” espacios para que hablen las personas con discapacidad. Se trata de enseñar a todos a usar la palabra de manera efectiva.

Aristóteles decía que somos seres políticos porque podemos hablar. Pero hablar no es solo emitir sonidos. Es saber qué querés decir, cómo lo querés decir, cuándo y a quién.

Para esto necesitamos una “pedagogía de la voz” que incluya tres elementos:

Uno. Identificar y verbalizar: Primero tenés que saber qué sentís y qué pensás

Dos. Articular ideas: Aprender a traducir esos sentimientos en propuestas concretas

Tres. Dominar formas de expresión: Desde hablar en público hasta usar redes, cada uno encuentra su canal

No se trata de que las personas con discapacidad “puedan participar”. Se trata de que todos aprendamos a pensar nuevos mundos posibles.

Al enfocarme en esta pedagogía, estoy fortaleciendo la subjetividad política de las personas con discapacidad. Y esa subjetividad, al construirse discursivamente, les permite trascender las interpelaciones tradicionales de ser “deficitario” o “una desgracia” y construir sus propias narrativas.


Reflexión Final

Y acá viene mi pregunta final para vos que me leés: ¿En qué espacios de tu vida sentís que no te escuchan realmente? ¿Será un problema de que no sabés cómo decir lo que pensás, o será que el espacio no está preparado para escuchar?

Escribime y contame tu experiencia. Porque al final, esto no es solo sobre discapacidad. Es sobre cómo todos podemos apropiarnos de nuestra propia voz.

Y si este artículo te hizo reflexionar sobre algo, compartilo. Porque las ideas que cuestionan lo que damos por sentado necesitan circular.


¿Te sirvió este análisis?


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